[MSN] Miles de obras de arte de un valor incalculable fueron confiscadas a sus propietarios por los nazis y acabaron, tras su caída, dispersas por el mundo. Gran parte no ha sido devuelta y sigue colgada en las paredes de museos o colecciones privadas.

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Mon Nov 6 16:35:45 CET 2006


Tras la pista del expolio nazi
Buscan obras robadas en todo el mundo

Por Andrea Rizzi, Diario EL PAIS

MADRID - Miles de obras de arte de un valor incalculable fueron confiscadas
a sus propietarios por los nazis y acabaron, tras su caída, dispersas por el
mundo. Gran parte no ha sido devuelta y sigue colgada en las paredes de
museos o colecciones privadas.

Escasa colaboración

Tras la pista de esas obras trabajan decenas de cazadores profesionales que
han logrado importantes restituciones, pese a la escasa colaboración de
muchos países y casas de subastas.

Su trabajo pone el acento en un interrogante: ¿hasta dónde llega el derecho
de los expoliados, y dónde empieza el de quienes adquirieron de buena fe?

Las legislaciones ofrecen soluciones distintas. De ello, también, depende el
destino de un 'pissarro' perteneciente a la Fundación Thyssen y reclamado
por una familia judía.

La caza empieza a veces con una foto. Una instantánea del apartamento de los
abuelos, en blanco y negro, años veinte o treinta. Puede que en la imagen
figure el abuelo también. Puede que no. Da igual. Lo que importa aparece
detrás, en una pared: el cuadro. Uno de los miles y miles confiscados por
los nazis a sus legítimos propietarios judíos.

Incautados y nunca devueltos

Seis décadas después de la caída del régimen nazi, la cantidad y el valor
del material robado y no restituido sigue siendo incalculable.

Para hacerse una idea de las dimensiones del problema, Holanda tramita
actualmente la restitución de un lote de 4.217 obras custodiadas por
instituciones públicas.

Eso, sólo en Holanda, y en centros públicos. Difícil imaginar cuantos quedan
en el resto del mundo, incluyendo las colecciones privadas.

La cifra es el resultado de una expoliación masiva, sistemática, que formaba
parte de la estrategia de aniquilación total de la comunidad judía y que
habría alimentado de paso el sueño de Hitler de erigir el museo más
deslumbrante del mundo en Linz, Austria.

Los fragmentos de ese sueño perverso y roto están todavía hoy dispersos en
medio mundo.

Precio inimaginable

El valor de las obras en cuestión es igual de impresionante que su cantidad.

Dentro del lote holandés, por ejemplo, figuran unas 200 obras de la
colección de Jacques Goudstikker, el comerciante de arte más importante del
país, antes de la invasión nazi, según muchos expertos. Goudstikker huyó de
Holanda el 14 de mayo de 1940, dejando un tesoro que fue incautado, en
parte, por el propio Hermann Göring, jerarca del régimen nazi.

Entre las obras incautadas por los nazis y restituidas se encuentra el
cuadro más caro de la historia, el retrato Adele Bloch Bauer I, de Gustav
Klimt. La obra formaba parte de un lote de cuadros restituidos por el Estado
austriaco a Maria Altmann, la sobrina de Adele Bloch, quien lo vendió en
junio de 2006 en una subasta por 106 millones de euros.

Otros cuatro cuadros de Klimt, que formaban parte del lote restituido,
saldrán a subasta en la sede neoyorquina de Christie's el próximo 8 de
noviembre. 

No hay cómo reclamarlos

Sin embargo, si la expoliación fue sistemática, las restituciones son
escasas. Lograrlas es muy difícil. Incluso sólo identificar la obra puede
serlo.

"A menudo las familias no tienen siquiera una foto del objeto. Huyeron como
pudieron, o fueron deportadas. Hay que trabajar sobre un recuerdo, una vaga
descripción del cuadro, a lo mejor el nombre del autor", dice Sophie Lillie,
una historiadora del arte nacida en Viena hace 36 años.

Y una vez identificada la obra, hay que encontrarla. A saber en qué
colección privada ha acabado 60 años después


Personas como Lillie se ocupan de averiguarlo. La austriaca es una cazadora
profesional desde 1995. Su tarea es trazar la ruta desde la foto (o el
recuerdo) hasta la actual ubicación de la obra. Y luego, gestionar la
restitución, en una carrera plagada de obstáculos.

No hay controles

Anne Webber es la co-directora de la Comisión Europea para la restitución
del arte robado, un ente sin ánimo de lucro con sede en Londres que ayuda
las familias en sus búsquedas y trabaja con las instituciones para estimular
el proceso de devolución.

"El problema es que el proceso sólo puede funcionar si las instituciones
públicas son transparentes. En 1998, 44 países se comprometieron a publicar
una lista con las obras de instituciones públicas adquiridas desde 1933 y
sospechosas de haber sido confiscadas por los nazis. Pero muchos no lo han
hecho. España, Francia e Italia entre ellos", dice.

La ausencia de controles rigurosos en las casas de subastas sobre la
procedencia de las obras, tampoco ayuda. Por eso también, pese a los
esfuerzos, las restituciones no dejan de ser gotas en un océano.

No todos suspiran igual

Y eso que los esfuerzos son notables. Además de bucear a fondo en los
archivos nazis, los cazadores viajan a un ritmo de vértigo.

Durante las dos semanas en las que este diario estuvo en contacto con ella
para este reportaje, Webber viajó por trabajo a cuatro países.

-Tiene usted una agenda de estrella del rock.
-Bueno, sí [ríe]... pero las citas no tienen tanto glamour y las acogidas no
son siempre tan calientes como las de las estrellas del rock.

Y es que el nombre de gente como Webber suena a esperanza para muchas
familias, pero a problema para museos y galerías. 

La validación del robo

Más allá de la actitud de centros públicos y privados, otro gran obstáculo
para los cazadores son las legislaciones.

"Pese a que el problema del saqueo de bienes culturales por parte de los
nazis es notorio, a menudo los reclamantes encuentran notables dificultades
para recuperar su propiedad. Una razón es que muchos países europeos han
decidido ignorar el derecho internacional respecto al status de este tipo de
propiedad, y han permitido a los ladrones (o a aquellos que recibieron la
propiedad del ladrón) transmitir un título valido a los compradores según el
derecho nacional".

Quién lo dice no es una asociación de víctimas del Holocausto, sino un
informe aprobado por el Parlamento Europeo en diciembre de 2003 con 487
votos a favor y 10 en contra.

Muchos son los países en los que el título inválidamente transmitido se
valida con el tiempo, si no hay reclamaciones. España es uno de ellos.

"Y es así prácticamente en todos los países de la Europa continental",
observa Evelien Campfens, secretaria de la Comisión de Restitución holandesa
y abogada.

En EU es diferente

En Estados Unidos, en cambio, el título no se subsana nunca.

"Las diferencias de legislación y de actitud hacen que, dependiendo de donde
haya ido a caer un cuadro, puedes recuperarlo o no", señala Webber.

El diferente tratamiento evidencia el gran dilema: ¿Hasta dónde llega el
derecho de las familias expoliadas? ¿Dónde empieza el de quienes han
adquirido los bienes de buena fe?

Ese dilema es la clave de la lectura del caso que enfrenta en un tribunal
californiano al ciudadano estadounidense Claude Cassirer con la Fundación
Thyssen y el Estado Español. Cassirer reclama la restitución de un cuadro
del pintor impresionista Camille Pissarro, la Rue Saint Honoré, después del
medio día. Efecto lluvia.

Cassirer tiene una foto. Es una imagen de la casa de su abuela. Con el
Pissarro. "Mis abuelos tuvieron que cederlo para obtener visados y poder
salir de Alemania", cuenta en una conversación telefónica desde San Diego. 

"Sin un duro en el bolsillo"

La familia Cassirer fue muy prominente en la Alemania anterior al nazismo, y
había impulsado mucho la difusión del movimiento impresionista.

Julius Cassirer, bisabuelo de Claude, obtuvo Rue Saint Honoré directamente
de Pissarro y su agente. Gracias al cuadro, dice Claude, sus abuelos
lograron huir a Inglaterra.

Él, en cambio, fue apresado en Francia. Estuvo detenido en campos en ese
país y en Marruecos. Después del final de la guerra, se fue a Estados
Unidos. "Sin un duro en el bolsillo", aclara.

Pieza clave

Las circunstancias exactas por las que una obra dejó de estar en manos de la
familia propietaria son un elemento clave para su restitución.

En algunos casos el expolio es evidente. En otros, en apariencia, se
registra una transacción, una venta por un precio. Pero: ¿fue voluntaria?
¿Por un precio real? La comprobación es fundamental.

En el caso del pissarro, los jueces del distrito central de California
consideraron en el juicio de primera instancia cerrado el pasado 30 de
agosto que el cuadro fue adquirido ilegalmente en 1939 por el marchante de
arte Jacob Scheidwimmer, un agente del partido nazi, por el precio nunca
pagado de 360 dólares y dos visados.

Cassirer cuenta que su familia perdió la pista del cuadro hasta que hace
unos años se dieron cuenta de que se podía admirar públicamente en el
Thyssen.

"Cuando lo descubrimos nos pusimos en contacto con las autoridades españolas
para lograr una restitución amistosa. Lo intentamos durante años, con el
Gobierno precedente y el actual. ¡Pero ni quisieron tratar con nosotros!".

Por la vía legal

De allí que Cassirer, que tiene 85 años, decidiera llevar a juicio el
asunto. "El derecho de Estados Unidos establece que un título que no ha sido
transmitido válidamente no se subsana por el paso del tiempo y nosotros
creemos que el principio es aplicable al caso", explica el abogado de
Cassirer, Stuart Dunwoody.

Por mucho que uno adquiera un bien de buena fe, si éste procede de un robo,
siempre prevalece el derecho de quién fue expoliado, incluso 60 años
después. Pero en España no es así.

"El Estado español adquirió la colección del barón Thyssen en 1992, a través
de la Fundación Thyssen. En aquel entonces se encargó un informe jurídico
que estableció que todos los cuadros eran de propiedad del barón,
legítimamente suyos", explica Carlos Fernández de Henestrosa, director
gerente de la Fundación Thyssen, en cuyo patronato es mayoritario  el Estado
Español.

"Por lo tanto, consideramos que las leyes españolas amparan la operación y
que la propiedad de la Fundación es indiscutible, 15 años después. En caso
de adquisición de buena fe, la legislación española establece que pasados
tres años ninguna reclamación es posible. Cinco en caso de mala fe", sigue
Fernández de Henestrosa.

"Nosotros creemos que los tribunales de Estados Unidos no son competentes
para juzgar en esta materia", agrega. 

Cuestión de competencia

Pero, en primer grado, los jueces han rechazado la alegación, declarándose
competentes. La argumentación de la sentencia es compleja, pero un elemento
clave es que la propiedad fue adquirida violando las leyes internacionales,
en circunstancias que justifican la competencia estadounidense.

"Ha habido una primera sentencia que no nos ha dado la razón y la hemos
apelado", observa el director gerente de la Fundación Thyssen.

"Lo que no puede ser es que una fundación, a la hora de actuar, tenga que
preocuparse no sólo de las leyes del país en el que tiene su sede, sino que
también de las de no se sabe bien cuántos otros países. Hasta que la ONU no
diga que todos estamos sometidos a las leyes anglosajonas, nosotros
respetamos, nos atenemos y estamos amparados por las españolas", observa el
director gerente de la Fundación Thyssen.

Tratados que nos e cumplen

Cassirer alega que España es un país firmante de convenciones
internacionales estipuladas para facilitar la devolución de obras robadas
por los nazis. "Pero las convenciones establecen principios. Nosotros nos
atenemos y estamos protegidos por leyes", responde Fernández de Henestrosa.

"Las legislaciones, efectivamente, son diferentes", comenta la holandesa
Campfens. "La solución al problema no es intentar uniformarlas, sino que los
Estados creen entes específicos para dirimir las controversias del sector
según criterios diferentes de los de la legislación normal".

La Comisión holandesa actúa por lo tanto sobre la base de "criterios morales
más que de derecho civil".

Eso no impide que tocar el derecho del comprador de buena fe sea muy
difícil. "No cabe duda de que en algunos casos el derecho está en dos
partes. Por ello es importante saber encontrar soluciones equitativas. Pero
eso vale para el sector privado. Las instituciones públicas, en cambio,
reflejan los valores de la sociedad, que no aceptan que algo robado
permanezca en posesión pública. Por eso colecciones públicas en todo el
mundo han devuelto obras robadas por los nazis desde 1998", observa Webber.

Pero algo en el mercado del arte está cambiando.  Christie's y Sotheby's han
modificado su actitud y ahora "tienen departamentos especializados en ese
tipo de controles", subraya Lillie.

Y Webber añade: "el resto del mercado tiene que hacer lo mismo". 

http://www.univision.com/



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