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El robo de arte sacro en Zacatecas
El Sol de Zacatecas

13 de agosto de 2007
Raúl García

Zacatecas, Zacatecas.- Los primeros rasgos luminosos del 23 de enero de 1812 revelaron un agujero en uno de los muros del templo de San Francisco.
Los frailes ocupantes del monasterio no tardaron en percatarse que decenas de objetos resguardados en su interior se habían desvanecido.
Al instante se dio aviso a las autoridades iniciando la pesquisa para encontrar lo robado, pero existía un detalle que desde el primer momento inquietó a los investigadores. Esto se debía a que el hoyo era demasiado pequeño comparado con algunos candelabros y candeleros desaparecidos. Simplemente era imposible extraerlos por allí. En una sociedad como aquellas donde la agitación religiosa transitaba por las venas de todos, la noticia se propagó como reguero de pólvora.

Tan sólo a unas horas, no muy lejos del lugar de los hechos se encontró en un mercado al conocido
Indio Matenche cuando trataba de vender la mercancía recién obtenida ilícitamente. Incluso los
artefactos aun emanaban olor de incienso.
El impaciente traficante fue denunciado y puesto bajo custodia. En pleno interrogatorio, con sus
declaraciones acabó el misterio.
Tal y como consta en el Fondo Judicial Criminal del Archivo Histórico del Estado; resulta que este
indígena se confesó autor del atraco, para el cual fue acompañado por varios indígenas cómplices, pero
también entre sus ayudantes delató a uno de sotana, cuyos votos de pobreza, bondad y castidad
habían sido recientemente rotos.
Conforme a lo contado, la perforación en el templo hecha al vapor era el despiste contra cualquier
sospecha de complicidad hacia el religioso que tenía en su poder las llaves del recinto. Sin embargo lo
más indignante a ojos de aquella sociedad efervescentemente católica surgió al saber que su
colaboración iba mas allá de los actos criminales.
Matenche, según las narraciones de la época no era feo y hasta hubo quien la calificara de galán. Él le
contó a la policía que en repetidas ocasiones el "Padre Portero" lo invitó a pasar a su celda en la noche,
mientras todos sus compañeros dormían.
En el interior y cobijados por la intimidad, el fraile le ofreció a su huésped distinguido bebidas
espirituosas con la intención de apagar la sed, y de paso entrar en ambiente. Matenche aprovechó la
confianza y le pidió su ayuda para ejecutar el hurto. Como a esas alturas eran tan buenos camaradas,
el clérigo accedió y se pusieron manos a la obra confabulando un plan brillante que en realidad no lo
era tanto.
Es fácil visualizar a Mantenche y sus amigos salir apresurados por la puerta grande de lo que ahora es
el reconocido Museo Rafael Coronel; cargando los pesados bultos repletos de crucifijos, candiles,
copas de oro y hasta alfombras; muy confiados en su ilusoria inmunidad a la justicia humana y divina.
Una vez aclarada la situación, el Indígena fue encarcelado, y el deshonesto fraile, juzgado conforme a
las leyes eclesiásticas. Por obvias razones, a este último le habrán cancelado su cédula profesional que
lo acreditaba como un pastor capacitado para guiar a sus hermanos por el camino recto.
"Ese es quizás el robo más escandaloso de los que se haya tenido noticia en Zacatecas", comenta el
Cronista de la Ciudad, Manuel González Ramírez; quien reconoció que desafortunadamente, en la
región se han suscitado muchas violaciones a los recintos sagrados, donde los infieles irrespetuosos
buscan sacar una ganancia fácil y mal habida.
Se trata del acto conocido popularmente como "robo de arte sacro", común aun en nuestra época.
"Si recurrimos a los viejos inventarios y los comparamos a lo hoy existente, vamos a descubrir que
faltan muchas cosas", señaló el historiador. Momentos más tarde recordó que las iglesias de la época
estaban aderezadas con pinturas y esculturas cuya fisonomía se adornaba con anillos y collares de
perlas, como si se tratara de gente pudiente.
Las casas de Dios siguen como blanco fácil, ahora comparables a un banco sin alarmas ni vigilancia.
Los sacerdotes y párrocos han apostado históricamente por un sistema de protección celestial con poca
efectividad demostrada ante el ataque de los amigos de lo ajeno.
Como arte sacro se piensa a los objetos utilizados comúnmente en los ritos religiosos o que de algún
modo influyen en el fortalecimiento de la fe. Una pintura sujeta a algún muro de un monasterio, por
mencionar un ejemplo, contribuye a aumentar el ambiente propicio para que los feligreses se sientan
más cerca del receptor de sus rezos.
Así se diferencia de muchas piezas localizadas en museos o colecciones privadas, que a pesar de
expresar la religiosidad del artista, tienen una función muy alejada de los ejercicios espirituales, este
último sería a fin de cuentas, "arte religioso".

Allí surge el valor especial, el valor popular, colectivo del arte sacro. Igualmente surgen las lesiones en
el sentimiento de la gente al ver el poco respeto del prójimo por sus cosas veneradas. Entonces para la
mayoría, no se trata solamente de meros objetos artísticos y sus desapariciones tampoco son se toman
como simples crímenes.
Durante los últimos siete años, en el País se perdieron mas de 900 objetos religiosos y solo uno de
cada cinco se logró recuperar conforme a las estadísticas del Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH).
También acorde a los datos del Instituto, en Zacatecas se pueden encontrar aproximadamente 200
monumentos históricos de los siglos XVI al XIX, los cuales abrigan alrededor de nueve mil piezas como
pintura, escultura, retablos y objetos ornamentales.

CONOCER PARA PROTEGER.
"Por fortuna en este lugar no se ha suscitado el robo de manera alarmante o preocupante, sin embargo
no estamos exentos de que esto pueda suceder". Habla en el interior de su despacho localizado en
plena área Colonial, el director del Centro Zacatecas del INAH, José Muñoz Bonilla.
Durante una entrevista informó acerca de uno de los programas que son prioritarios para la
dependencia, consistente en la elaboración de un ambicioso catálogo de bienes muebles en recintos
religiosos.
El primer objetivo perseguido con esa actividad, "es conocer a ciencia cierta qué es lo que tenemos y
cuál es su grado de conservación, así se protegerán de la mejor forma posible", comentó.
Con optimismo, dijo que el trabajo está adelantado, pero falta un par de años mas para completarlo. Es
una labor muy minuciosa; "en un mismo altar se llegan a encontrar diferentes tesoros considerados
como patrimonio cultural de la nación, uno nunca sabe con lo que se va a encontrar en un templo".
El avance ha sido lento porque se requiere una descripción exacta de cada muestra hecha por expertos
en la materia.
El Instituto tiene la colaboración de la Diócesis de Zacatecas que dio facilidades para formular el
catálogo. Será esta organización católica la destinataria de toda la información reunida y clasificada
para conservarla lejos del conocimiento público.
Muñoz Bonilla recalcó que es información de carácter confidencial. Esta medida precautoria se
entiende, pues al publicar un catálogo de tales características, se estaría orientando a los probables
rateros mediante un directorio que facilitaría todavía mas su ratería.
El catálogo, indicó el funcionario, es una medida protectora de esa fortuna histórica, y a mediano plazo
permitirá darle mantenimiento, al tiempo de tomar las medidas para su correcta protección.
Lamentó que en la actualidad el arte sacro "se cotiza muy bien" en las casas subastadoras de Estados
Unidos y Europa. Su valor sobrenatural y estético, se traduce fácilmente en pesos, dólares o euros.
Por lo general, los delincuentes no se apoderan de la mercancía sin contar con un comprador seguro y
otras veces roban por encargo.
De esta manera, cabe señalar que el robo y comercio ilegal de arte sacro es considerado por la
INTERPOL, después del narcotráfico y la venta de armamento, como la actividad ilícita generadora de
la mayor cantidad de dinero en el mundo.

TEMPORADA DE PROFANACIONES.
El 2005 es el año con más pérdidas documentadas en Zacatecas.
El primer punto lesionado por la oleada de asaltos fue la Parroquia de Jesús, construida en el siglo
XVIII. Allí se robaron seis cuadros alusivos al vía crucis pintados por Juan Correa, un clásico del estilo
barroco. Conforme al peritaje formulado en esas fechas, las piezas son de un valor monetario superior
a los seiscientos mil pesos, debido a su antigüedad y prestigio de su autor.
La segunda escala tomada por los malhechores en su jornada delictiva, tuvo lugar en el Santuario de
Guadalupito, que data del siglo XVII y cuyas paredes sujetan varios cuadros del célebre artista Miguel
Cabrera, ejemplo del estilo plástico imperante hace mas de 200 años en México.
El plato fuerte los ladrones se lo sirvieron en el templo de Santo Domingo, edificado en el siglo XVI,
donde lograron apoderarse de ocho cálices de consagrar. Presumiblemente su origen se remonta a la
llegada de los primeros religiosos a la ciudad. El valor monetario de cada pieza alcanza los 800 mil
pesos.
Pero estos no fueron los únicos hurtos. José Luis Aparicio, director de Investigaciones en la
Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), detalló que ese tipo de conductas antijurídicas
afectaron de igual forma los templos de Fátima, del Santo Niño, San José de la Montaña y la no católica
Jesucristo de los Últimos Días, donde predominó la sustracción de las alcancías que contienen las
limosnas.
En aquel tiempo se ejerció acción penal en contra de la banda a la que se comprobaron vínculos en la
mayor parte de dichos atracos. Sus integrantes ya procesados, son inquilinos del Centro de
Readaptación Social. Desde entonces no se han presentado mas usurpaciones.
Mientras tanto, el Director de Asuntos Religiosos del Gobierno Zacatecano, Gerardo Luna Timoide,
asegura que las medidas tomadas para imposibilitar otros asaltos han dado buenos resultados.
Dijo que fue firmado un convenio interinstitucional; uniendo a las policías Estatal y Municipal en
coordinación con las autoridades eclesiásticas para aumentar la vigilancia en las iglesias. De ese modo
los oficiales realizan rondines en horas estratégicas y ponen mayor atención a esos sitios vulnerables.
El Funcionario pidió a la sociedad que tome conciencia y que permanezca al pendiente de todo acto de
esta naturaleza, para que de aviso oportuno a las autoridades.

OFENSAS A DIOS Y SU PUEBLO.
A unos pasos de la portada del santuario de San Antonio, Doña María Acosta barre la basura
acumulada. Con indignación por el poco respeto de la gente que tira sus desechos tan cerca de un
lugar sagrado, recordó tristemente el año 2005, cuando el recinto fue manchado por el hurto.
"Sentimos impotencia porque es un desagravio hecho por gente sin educación ni temor de Dios... sellevan las cosas y nunca son devueltas", dice mientras toma con mayor fuerza el palo de la escoba
utilizada en su labor de limpia; instrumento en apariencia inofensivo que instantáneamente se revela
como una arma potencial capaz de repeler cualquier intención de un ladrón atrevido.
Por su parte, el Obispo de la Diócesis de Zacatecas, Fernando Mario Chávez Ruvalcaba comenta al
respecto: "Es una pérdida irreparable, atenta contra el patrimonio de la iglesia, pero sobre todo hacia el
patrimonio de la nación, puesto que toda pintura, escultura, cálices y otras cosas, son obras de arte que
expresan la fe de todo un pueblo".
Aseguró que como miembro de la Conferencia Episcopal Mexicana, tiene la obligación de resguardar
estos tesoros, cuidando bien los santuarios sin permitir que los objetos estén expuestos tan fácilmente;
ello evitaría la posibilidad de su desaparición.
Luego mencionó que La Santa Sede ha pedido el levantamiento de inventarios y así tener plena
conciencia de lo que la Iglesia tiene en su tesoro artístico y religioso.
"Lamentablemente no se pierde solo un patrimonio perteneciente a la comunidad católica mexicana,
sino además se atenta en contra de signos religiosos, en los cuales la gente pone toda su confianza,
porque es en donde se expresa su fe", declaró el Obispo.
Subrayó que estos actos se califican como sacrilegios, entendido como la profanación de las cosas
santificadas.

LAS PROMESAS DE CASTIGO.
El Sacrilegio es un pecado. Como tal, es una ofensa contra la autoridad del Cielo cuyo escarmiento
llega hasta después de la muerte. Depende de los agravantes, pero muchas veces esos tropiezos
ameritan una sentencia eterna sin derecho a fianza.
"El ser u objeto consagrado suscita sentimientos de temor y veneración, se presenta como algo
prohibido, su contacto se hace peligroso. Un castigo automático e inmediato caería sobre el imprudente
lo mismo que la llama quema la mano del que la toca", escribe Roger Caillois, crítico y sociólogo
francés en su libro "El Hombre y lo Sagrado".
Sin embargo en Zacatecas no existe antecedente de manilargo alguno que haya sufrido quemaduras
producidas por castigo divino.
Por si esto fuera poco, existen los castigos humanos, que si bien son imprecisos y susceptibles de
errores, son mas inmediatos.
Con raíz en el bullicio originado por las reiteradas y entonces recientes faltas al catolicismo local, la
fracción panista de la Legislatura estatal promovió en el 2006 una iniciativa para agrandar las condenas.
La modificación a la que fue sometido el artículo 71 de la Ley del Patrimonio del Estado y Municipios,
estipula un aumento de uno a tres años de prisión el mínimo, y de cinco a nueve años el máximo. En la
exposición de motivos de la iniciativa aprobada y decretada el mismo año, se detalla acerca de sus
propósitos el siguiente: "enviar una amenaza mayor a aquellos que dañen el patrimonio artístico,
incluyendo el arte sacro, que nos pertenece". Aunque poco después en el mismo documento, los
diputados reconocen "que no todos los objetos de arte sacro forman parte del patrimonio del Estado".
Cabe mencionar que ese tipo de arte está registrado ante las autoridades federales; por eso las
investigaciones siempre son conducidas por la Procuraduría General de la República (PGR), que a su
vez actúa con base en la Ley Federal de Monumentos y Piezas Arqueológicas, Artísticas e Históricas
En su artículo 51, la citada ley establece: "al que se apodere de un monumento mueble arqueológico,
histórico o artístico sin consentimiento de quien puede disponer de él con arreglo a la Ley, se le
impondrá prisión de dos a diez años y multa de tres mil a quince mil pesos". Mientras tanto, quien los
tenga en su poder sin haber sido el autor de la sustracción, irá a la cárcel hasta por un máximo de seis
años.
Aunado a las represalias divina y penal, está otro tipo de sanción no escrita: el rechazo del prójimo.
"No cualquiera se atreve a robar una iglesia porque se gana el repudio social, es algo muy reprobable",
observa José Luis Aparicio, funcionario de la PGJE.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), Zacatecas es uno
de los cuatro estados de la República Mexicana con mayor índice de catolicismo, ya que el 95.1 por
ciento de su población profesa esta religión. En un lugar en donde casi la totalidad de la gente comparte
sus creencias, el ladrón de arte sacro se convierte automáticamente en un enemigo público.
De esta forma, si alguna vez el Indio Matenche recuperó su libertad, a ciencia cierta vivió señalado por
los demás. Se vio obligado a soportar el rechazo que le causó quebrantar el séptimo mandamiento; con
el agravante de haber manchando lo que aun es limpio, brillante y valioso para esta sociedad: las bellas
representaciones materiales de lo que se cree eterno e inmaterial.

http://www.oem.com.mx/elsoldezacatecas/notas/n379924.htm





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