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Peregrinaje de un cuadro robado
Julio Aguilar
El Universal
Domingo 09 de diciembre de 2007
A Adán y Eva los expulsaron del Paraíso y de San Juan Tepemasalco. Pero
volverán este domingo. Al menos a esa comunidad hidalguense de donde fue
robada la pieza colonial, fechada en el año de 1728
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A Adán y Eva los expulsaron del Paraíso y de San Juan Tepemasalco. Pero
volverán este domingo.
Al menos a esa comunidad hidalguense de donde fue robada la pieza colonial,
fechada en el año de 1728, en la que se representa la escena bíblica del
destierro del Edén pintada por un artista anónimo.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha calificado esto
como un ejemplo de la cooperación interinstitucional e internacional para la
recuperación del patrimonio cultural y la repatriación. Adán y Eva arrojados
del Paraíso, obra robada en el año 2000, fue vendida ese mismo año al Museo de
Arte de San Diego, California, de donde fue recuperada con la intervención del
Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Ahora esa pintura será devuelta al pueblo hidalguense para ser depositada de
nuevo en la capilla que ha sido acondicionada con las medidas de seguridad
necesarias, según anuncia el INAH.
Un final feliz, historia muy distinta a la de La adoración de los pastores, de
Luis Lagarto, otra importante pieza de arte colonial robada que actualmente se
encuentra en el Museo de Arte de Denver.
Esta obra sacada del país en 1979 ya volvió a México en febrero pasado, en la
muestra Revelaciones. Las artes en América Latina 1492-1820, que se montó en
el Antiguo Colegio de San Ildefonso.
En las últimas semanas de la exhibición, funcionarios del Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes (Conaculta), de la Secretaría de Cultura de Puebla
y del INAH, fueron alertados de la presencia en México de esta pintura
colonial desaparecida del acervo del Museo José Luis Bello y González de la
capital poblana en los años 40.
En junio, al concluir la muestra, la dirección del Antiguo Colegio de San
Ildefonso se apresuró a incluir la pintura en el primer embarque y la obra
cruzó sin contratiempos la frontera. No ocurrió nada parecido a
la cooperación interinstitucional e internacional que se activó para
conseguir el regreso del lienzo Adán y Eva arrojados del paraíso.
Incluso la subdirección de Inventarios del Patrimonio Cultural del INAH quedó
exhibida en las indagatorias como eslabón en el tráfico ilegal de la obra: en
2002 (dos años después de que la pintura fuera robada, exportada y vendida) su
titular, la restauradora Rosana Calderón Martín del Campo, blanqueó la venta
del cuadro al extender y firmar un oficio en el que informaba al anticuario
Rodrigo Rivero Lake que no había ningún inconveniente para comerciar ,
porque la pieza no pertenecía al acervo cultural de la nación, a pesar de que
la obra, catalogada oportunamente por el Consejo Estatal para Cultura y las
Artes de Hidalgo (Cecultah), había sido denunciada como robada ante la
Procuraduría General de la República desde el año 2000.
El caso de La adoración de los pastores
Si la obra fue sacada indebidamente del Museo Bello y del país, que se
investigue cómo salió y que se regrese porque fue un robo en perjuicio del
patrimonio cultural de la nación, reclama en entrevista el arquitecto Mariano
Ribé Bello.
Este académico de la Facultad de Arquitectura de la UNAM desciende de la
familia que legó a Puebla la colección de arte que hoy se exhibe en el museo
José Luis Bello y González, donada al patrimonio poblano, según el testamento
del filántropo Mariano Bello fechado en diciembre de 1918.
Pero antes de la inauguración del museo, en julio de 1944, a la muerte de
Mariano Bello y su esposa, el acervo ya había sido expoliado.
A pesar de una disposición tan expresa, fueron sustraídos de la colección
muchos de los mejores objetos con múltiples pretextos, por lo que al recibirla
el gobierno del estado, distaba bastante de lo que fue, consignó el
historiador José Manuel Quintana en un artículo para los Anales del Instituto
de Investigaciones Estéticas de la UNAM, publicado en 1969. Hoy ese texto, con
copias de documentos oficiales, bibliografía y hemerografía anexos, sirve de
guía para documentar no sólo la pertenencia de La adoración de los pastores al
acervo de la colección Mariano Bello, sino también la indignación que suscitó
su desaparición, junto con otras obras de arte, consignada por la prensa
nacional en los años 40.
Basado en esas pruebas documentales, el pasado 26 de noviembre Mariano Ribé
Bello entregó una carta en la Oficialía de Partes del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes (Conaculta), dirigida a Sergio Vela, presidente de esa
dependencia, con la petición formal para que se investigue el caso y pueda
reclamarse la repatriación de la obra. Conaculta no ha respondido aún a la
familia del filántropo poblano.
Conaculta tampoco ha iniciado ningún procedimiento ante la Secretaría de
Relaciones Exteriores (SRE), según se pudo comprobar en la oficina de prensa
de ésta, ni ha contactado a los especialistas en la colección del Museo José
Luis Bello y González para confirmar o desmentir la sustracción de La
adoración de los pastores.
Con pruebas en mano
Yo, con los papeles en la mano, le puedo decir que nadie de la familia pudo
haber heredado esa pintura; es del Museo Bello. Es del patrimonio poblano,
concluye vía telefónica en Puebla Emma Yanes, investigadora del INAH y autora
del libro El Museo de Arte José Luis Bello y González (Conaculta/INAH).
La historiadora, que ha investigado en los archivos notariales poblanos las
disposiciones testamentarias de Mariano Bello, responde que no hay pruebas de
que el cuadro haya sido separado del acervo de la galería para legarlo a
alguien en particular.
Puedo afirmar con toda claridad que ni en el testamento de Mariano Bello,
referente al oratorio particular y mobiliario de su casa, ni en el testamento
de Guadalupe Grajales (la esposa de Bello) aparece mención alguna de que
estuviera el Lagarto como propiedad particular. Esa obra es de la galería que
Mariano legó a Puebla, explica la historiadora.
Las pistas sobre quién se quedó con la obra de arte colonial apuntan a los
sobrinos de Guadalupe Grajales, con quienes compartió la casa hasta el día su
muerte, ocurrida en 1940: Delfina Osorio y Luis F. Cervantes, ya fallecidos.
La obra permaneció en sus manos hasta 1979 y hasta 1988 fue reproducida de
nuevo en un libro sobre pintura colonial. Esta espléndida obra se encontraba
en la colección de Mariano Bello en Puebla. En 1923 la dio a conocer Pérez de
Salazar y Toussaint la incluyó entre las ilustraciones de Arte Colonial en
1948; el caso es que en ambos libros aparece como propiedad del Museo Bello y
ahora se encuentra en el extranjero; esta obra, actualmente en Estados Unidos,
fue subastada en Nueva York por las galerías Christies, anota Guillermo
Tovar de Teresa en Un rescate de la fantasía: el arte de los Lagarto.
Iluminadores novohispanos de los siglos XVI y XVII (El Equilibrista/Turner,
México).
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